Ferguson sintió en el alma su marcha, pero ésta tenía una razón tan clara que era imposible negarse
Alex Ferguson nunca toma sus decisiones empujado por un momento de debilidad. Las medita y sabe las consecuencias que a todos los niveles tendrán en el Manchester United. No en vano, el escocés no es solamente el entrenador del club, sino el verdadero jefe de la entidad. Y cuando el pasado verano dio su visto bueno a la marcha, que le dolió, de Cristiano Ronaldo, era consciente de que los cerca de cien millones que ingresó el Man U en la operación eran la mejor solución de futuro.

Todo ello se reveló ayer cuando se conoció que el club anunció unos beneficios de 48,2 millones de libras esterlinas (cerca de 54 millones de euros) en el ejercicio de 2009, unas cuentas en las que se incluyeron los 94 millones de euros que el Real Madrid pagó por el traspaso de la estrella portuguesa, el precio más alto pagado jamás por un futbolista en el mundo. También en esas cuentas se incluyen 46 millones de euros de pérdida, y que son los asignados al servicio de la deuda del club, estimada en más de 775 millones de euros.
Los beneficios alcanzados en 2009 contrastan con los más de 24 millones de euros que perdió el United en el ejercicio anterior y llama la atención la suma alcanzada teniendo en cuenta que el club tuvo que pagar un precio muy alto en primas después de revalidar el título de Liga en la Premier y alcanzar la final de la Champions, que perdió en Roma ante el FC Barcelona.
Otro apoyo para la vuelta a los beneficios fue un incremento del 8,7 por ciento en la facturación, hasta más de 295 millones de euros. Los ingresos por venta de derechos televisivos ascendieron un 10 por ciento, mientras que la venta de entradas reportó más de 112 millones, un 6,7 por ciento más que en 2008.
De todas maneras, en el propio club se reconoció que la clave en cambiar pérdidas por beneficios se debió al “extraordinario” negocio financiero que significó el traspaso de Cristiano Ronaldo al Real Madrid. Ferguson nunca negó el dolor que le supuso su venta pero, a la vista de los números, es obvio que el escocés estaba -obligado- a aceptar el traspaso.