PORTUGAL ROZA LOS CUARTOS
Tras 45 minutos de atasco, Portugal precisaba urgentemente velocidad con y sin balón para romper el cerco checo. Y supo convertir sus objetivos en realidad gracias a las pinceladas de calidad en las que intervino siempre Cristiano Ronaldo, perfectamente apoyado por Deco. El 3-1 final es engañoso. Nunca lo tuvieron fácil los ibéricos.
Durante casi toda la primera parte, la selección checa empantanó la ofensiva lusa con un orden defensivo repleto de apoyos e impidió la progresión por banda de los elegidos de Felipao Scolari. Ni Ronaldo ni Simao se sintieron cómodos en los costados, ante la superioridad checa en esas zonas del campo.
La subcampeona europea estuvo obligada a dibujar obras maestras de precisión imposible entre un mar de oponentes. Como genialidad no falta en el grupo, el milagro llegó. Y pronto, en el minuto 8. Entre Deco y Cristiano fabricaron un gran gol al primer toque que rubricó el centrocampista de origen brasileño rebañando el balón ante la salida desesperada del guardameta Cech.
Peligro desde la esquina
El gol creó la falsa impresión de que la defensa checa era un mar de dudas. En ataque, los centroeuropeos no daban un recital. Pero bastó una jugada a balón parado, un saque de esquina, para reequilibrar el combate. Un contraataque de Sionko, el más activo y vertical de su selección, provocó el córner que, con el lanzamiento de Plasil y la aparición por sorpresa del mismo Sionko para rematar de cabeza, generó el empate.
Un gol cada ocho minutos. No podía empezar mejor un partido de la fase de grupos. Pero a partir de ese momento, la máquina checa tapó con decisión y colocación todas las salidas de la portuguesa, que gozó de mucho balón y prácticamente de ninguna oportunidad de colocarse por delante hasta el descanso. Sólo tiros desde fuera, de Deco y Ronaldo, obligaron a trabajar a Cech.
En cambio, a los checos se les apareció la posibilidad del gol cada vez que Plasil lanzaba a balón parado, sobre todo desde los banderines. Baros, reaparecido como titular y como único delantero, sólo creó una jugada peligrosa de contraataque.
Grietas por cansancio
La solución a la grave indigestión portuguesa llegó de nuevo en una jugada inspirada, de tres toques. Apertura a la banda derecha, al fin, control de Deco en el pico del área y remate raso en la frontal de Crisitano. Portugal no había mejorado demasiado tras el intervalo, pero al menos empezaron a abrirse grietas por puro cansancio en el combinado que vestía de rojo.
La República Checa, para entonces, ya había obsequiado a Nuno Gomes un amago de gol que el delantero, lento y desafortunado, no supo embolsarse. Pero también siguió su goteo ofensivo, siempre por arriba, para el cabeceo neto de Ujfalusi tras un saque de esquina, o ya con el 2-1 en el marcador, otro testarazo de Sisonko que el portero Ricardo desvió con su manopla derecha.
La presencia de Koller desde la suplencia no mejoró la estadística rematadora de los checos, pero retrasó aún más las líneas portuguesas. Los de Scolari lo pasaron mal, pero cuando el partido estaba acabado, Ronaldo desbordó a un equipo lanzado al ataque y, solo frente a Cech, regaló al suplente Quaresma un remate a puerta vacía, el 3-1.