El madridismo comienza a elevar la voz. No le gusta ver a Cristiano Ronaldo lesionado y más cuando el origen está en las entradas de los rivales. La pasada campaña vivieron algo parecido. También protestaron. De nada sirvió.
El madridismo comienza a elevar la voz. No le gusta ver a Cristiano Ronaldo lesionado y más cuando el origen está en las entradas de los rivales. La pasada campaña vivieron algo parecido. También protestaron. De nada sirvió. Su mega-estrella sigue sufriendo la ira de las zagas contrarias, a las que acusan de cebarse con su estrella. Visto así, podría hablarse de persecución deportiva, pero, ¿podría Cristiano evitar la cacería? Messi y su fútbol le dan la respuesta.

Ambos comparten una jugada muy similar, esa que consiste en pegarse el balón a la bota y salir disparado a velocidad de infarto mientras regatean rivales con facilidad asombrosa.
Sin embargo, en muchos casos, el final es distinto. Mientras que CR7 besa el césped apresado por las piernas de sus contrarios, Messi se libra de las entradas. El porqué radica en una de las máximas del fútbol: soltar la pelota a tiempo.
Hace apenas dos temporadas, Leo Messi también fue objeto de agresiones duras con las que frenaban sus eléctricas galopadas.
Guardiola (al igual que ocurre ahora con Mourinho), también se quejó: "Pediría a los árbitros que respeten más a los que realmente apuestan por el buen fútbol", reflexionaba pidiendo más protección para el argentino.
Sin embargo, Pep detectó una anomalía en el 10 blaugrana que le encantaba comer un buen
brownie antes de los partidos, y era perjudicial para su dieta de deportista: conducía demasiado el esférico o, mejor dicho, no lo soltaba a tiempo. Debía escoger el momento preciso. Debía saber cuándo apurar hasta el final y cuando convertirse en un dispensador de balones para el resto de sus compañeros.
Messi aprendió la lección, como él mismo ha reconocido en varias ocasiones. Los defensas le siguen buscando, pero le encuentran menos. Así se lesiona menos y ayuda a mejorar el juego de los suyos. Leo atrae a los rivales dejando jugosos espacios libres que suelen aprovechar los Xavi, Iniesta, Alves y compañía.
Semejante recurso no implica que el internacional argentino renuncie a sus habituales eslalons llenos de regates imposibles . Ahora escoge el momento de ejecutar sus galopadas con más precisión. Su inteligencia y clase se lo permite.
Que Cristiano siga sufriendo entradas escandalosas no es culpa del propio futbolista, sino de los que se lanzan a por su tobillo. Sin embargo, tal y como la historia del fútbol ha enseñado, los defensas seguirán intentándole frenar a él y a todos los cracks de la Liga a base de juego duro.
Sucia estrategia que desespera a los madridistas y cuya solución podría estar en el estilo del eterno rival.